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sábado, 15 de octubre de 2011

La mujer justa, Sándor Márai

La eterna ilusión y búsqueda del príncipe azul – o la princesa encantada – tratados con la elegancia y sobriedad con las que nos tiene acostumbrados Márai.


Algunos hombres y mujeres ante la eventualidad de unir sus vidas a otra persona y emparejarse para compartir el futuro, sienten el vértigo de la duda respecto a su elección: ¿será esta la mujer correcta, será este el hombre adecuado? Probablemente esto no les ocurre a quienes son más emocionales pues les basta que sus sentimientos sean fuertes para saber que la persona a la cual están dirigidos es justo el amante con quien quieren pasar el resto sus vidas. Es la situación ideal, el reino de la pasión, donde no hay espacio para la razón y las dudas insidiosas que estropean las relaciones amorosas.

En esta novela Márai desarrolla una historia en la que, fiel a su estilo, plantea un drama de índole sicológico en torno al amor. Construye para ello un vértice amoroso en cuya punta se ubica Peter, burgués acomodado y melindroso, atrapado en la trampa del querer ser y del deber ser. En los otros dos extremos están las dos amantes relevantes en la vida de Peter, una representando el querer ser y la otra el deber ser. Una es la mujer que ha despertado su pasión; la otra la mujer que le corresponde por cuna y posición social.

¿Cuál es la mujer correcta para él? ¿Es una de estas dos? ¿Existe tal cosa como la mujer justa para el hombre justo, la media naranja, el calce perfecto? ¿O habrá en cambio muchas opciones correctas para una misma persona? La elección se complica cuando el amor y la conveniencia no coinciden en la misma persona, como es el caso aquí.


miércoles, 27 de abril de 2011

El hombre ilustrado, Ray Bradbury

Imagine un hombre con su cuerpo completamente tatuado, del cuello a los pies, incluso las manos, por arriba y por abajo. No con cualquier tipo de tatuaje, sino con ilustraciones. Tampoco cualquier tipo de ilustración: ilustraciones más una sorpresa. Sólo un pequeño espacio en su hombro derecho ha quedado intocado por la mano del artista: justo el lugar más peligroso en el cual detener la mirada…

Imagine la atracción morbosa que un hombre así puede ejercer en personas impresionables - y en especial en los niños - de manera que para evitar verse todo el tiempo rodeado por extraños debe tapar su cuerpo totalmente y cerrar el botón del cuello de la camisa.

Imagine por último que, en un momento de descuido, está este hombre descansando con su torso descubierto y, sin que pueda percatarse, se le acerca usted con la sola intención de apreciar las curiosas ilustraciones en su cuerpo. Pero basta con posar la mirada sobre la primera para sentir que el estómago se le sube a la boca y un terror frío le recorre el cuerpo: ¡es que la ilustración ha adquirido vida y comienza a relatarle una historia!

martes, 22 de marzo de 2011

Viaje al fin de la noche, Louis-Ferdinand Céline

Las aventuras de un tal Ferdinand Bardamu, aprendiz de médico y alter ego del autor, son relatadas con maestría por Céline en este libro, reconocido como el más importante de la producción literaria del escritor francés. Cubre gran parte de la vida del protagonista, desde los veinte años hasta, estimativamente, los cuarentaitantos.
Pero ¿es este un libro de aventuras? Sí y no. Lo es en tanto relata lo que le ocurre al protagonista en sus viajes por la mitad del mundo, partiendo en París para ir a la guerra contra los alemanes, volver a París, ser dado de baja del ejército, ir a probar suerte en las colonias africanas, proseguir viaje a Nueva York y después a Detroit, y finalmente retornar a Francia vencido por la indiferencia de los norteamericanos y el aislamiento en una cultura que siente muy ajena.
No obstante, tampoco es un libro puramente de aventuras pues está cruzado de principio a fin por una mirada muy jugada del mundo, la vida y el hombre y por situaciones de alto dramatismo. De cada una de las cosas que vive, Bardamu nos deja alguna afilada reflexión. Para explicar el desconocimiento de lo que es pelear en una guerra nos dice que “se es virgen en el horror al igual como se es virgen en el sexo”. Él se reconoce un cobarde pero viendo el horror de la guerra tampoco encuentra razón alguna para no serlo más que la de estar poseído por la locura. Nos enteramos de la difícil sobrevivencia de un europeo en África, con un sol implacable, enfermedades espeluznantes, mosquitos sin tregua, mientras se es observado por negros imperturbables y pusilánimes. Sin embargo, Bardamu nos dice que “los cimientos de la colonización estuvieron amenazados por el hielo”, pues su introducción significó el auge del aperitivo lo que hizo a la postre flaquear el estoicismo de los colonizadores. Y de Norteamérica se maravilla de la altura de sus ciudades y del atractivo de sus mujeres, pero al mismo tiempo sufre por el aislamiento que le significa la indiferencia de la gente hacia el inmigrante y del constante ruido ambiente que impide la serenidad.


lunes, 14 de febrero de 2011

La nieta del señor Linh, Philippe Claudel

Algunas de las indeseadas consecuencias de la guerra, más allá de la destrucción de las familias y de los pueblos y ciudades, son, para los sobrevivientes, la necesidad de abandonar el adorado terruño y la pérdida de la esperanza sobre el futuro. Y en aquellas ocasiones en que el horror es demasiado, también la locura...
Aquellos que deben dejar el propio territorio y reubicarse en lugares ajenos se transforman en refugiados, seres vulnerables, sin raíces, sin lazos ni nada que los una a su historia personal. En este sentido pueden asimilarse a una criatura recién nacida que debe comenzar a relacionarse con un mundo desconocido. En el caso de los refugiados, es un recomenzar, como si fuera un segundo nacimiento.
El muy anciano señor Linh y su pequeña nieta van al exilio obligados por la guerra que arrasa su país. Comparten el tener que iniciar una nueva vida, ella por ser una niña de seis semanas y él en su condición de refugiado en un país extraño. La gran diferencia está en la dificultad con que lo hacen: para él es infinita, para ella ninguna. El señor Linh no sólo desconoce todo de su nuevo país sino que siente una enorme nostalgia del suyo y una tristeza pesada por la pérdida de sus seres más queridos, su hijo y nuera, padres de la niña. Lo único que lo mantiene apegado a la vida es su nieta pues ella depende completamente de él y es su razón de vivir: “Él quiere ver florecer a su nieta. Quiere vivir para ver eso, y no le importa que vivir signifique vivir lejos de su país…”

miércoles, 9 de febrero de 2011

Balzac y la joven costurera china, Dai Sijie

Amistad, amor, traición y el despertar de una vocación están mezclados en este buen libro del escritor chino-francés que nos trae la historia de dos amigos de la china de Mao a finales del 1968. Es la época en que el estado comunista imperante sospechaba de cualquiera que tuviera algún grado de desarrollo intelectual, ni qué decir de aquellos que fueran profesionales o miembros de la burguesía acomodada. Como parte de la Revolución Cultural impulsada por el gobierno, se había recién instituido la necesidad de “reeducación” de los jóvenes provenientes de las clases educadas obligándolos a abandonar a sus familias y emigrar al campo a vivir en aldeas rurales con el fin de asimilarlos a su cultura primitiva, aprender oficios agrarios y homogenizar la sociedad.

El significado de esta reeducación está sucinta y eficazmente graficado en el episodio del violín con que se inicia el relato. Para cualquier lector actual es curioso que comunidades enteras de finales del siglo pasado pudieran desconocer un violín al serles exhibido pero eso es lo que nos dan a entender: “`Es un juguete`, dijo el jefe. `Un juguete de imbéciles`, dijo una mujer. `¡Hay que quemarlo!` La orden provocó una viva reacción en la muchedumbre…cada cual intentaba apoderarse del “juguete” para tener el placer de arrojarlo al fuego con sus propias manos”. Sin embargo, es muy probable que la intensión del escritor haya sido la de representar el abismo existente entre el campo y la ciudad, entre la total ignorancia y la mínima educación. Lo increíble es realizar que el objetivo del gobierno de un país de más de mil habitantes en un tiempo relativamente reciente haya sido el de retrotraer a toda la población a estadios primigenios de desarrollo en vez de proveer los medios para el avance de la civilización.

lunes, 7 de febrero de 2011

Estupor y temblores, Amélie Nothomb

Esta es una historia de crueldad y humillación en el trabajo. El hecho de que transcurra en una empresa en Japón no le quita universalidad: todos hemos vivido o sabido de cosas similares en nuestros trabajos o en el de algún conocido. La diferencia es que en esta novela el asunto se lleva a un extremo de patetismo rayano en la comicidad.
Amélie, una joven de unos 20 años, nacida en Japón de padres belgas y con una inclinación romántica hacia la belleza y cultura del país del sol naciente, se contrata por un año en una gigantesca empresa japonesa, prototipo de la organización nipona eficiente y férreamente jerarquizada, a la que ella bautiza con el nombre ficticio de Yumimoto. En su primer día de trabajo, saliendo del ascensor en el piso 44, donde estaría ubicado su escritorio, se enfrenta embobada a un gran ventanal desde donde contempla abajo la extensión de la ciudad perdiéndose en el horizonte. Este espectáculo captura su imaginación completa sin dejarle espacio para imaginarse el calvario que empezaría prontamente a vivir.

viernes, 4 de febrero de 2011

El desierto de los tártaros, Dino Buzzati

Esta es la amarga historia de Giovanni Drogo, un joven militar cuya indecisión respecto a qué hacer con su carrera lo lleva a dilapidar los mejores años de su vida en una fortaleza limítrofe y aislada del mundo, esperando a un enemigo que nunca llega. Cuando ya está viejo y enfermo, y por lo tanto muy tarde, viene la tremenda reflexión que en su momento lo podría haber remecido y hecho tomar las riendas de su destino: “Una ira tremenda se arremolinó en el pecho de Drogo. Él, que había tirado las mejores cosas de la vida para esperar a los enemigos, que desde hacía más de treinta años se había alimentado con esa única fe…”. También: “Hace más de treinta años que estoy aquí, esperando…He dejado escapar mucha ocasiones…”. Y la más terrible, “…pero después de todo estaba solo en el mundo y, salvo él mismo, nadie más lo amaba”.
Podría decirse que esto es justamente lo que tenemos que evitar nos ocurra con nuestras vidas: dejar pasar miserablemente el tiempo sin tomar ninguna decisión consciente respecto a nuestra vocación, sin reflexionar respecto a cuál es el lugar en el mundo en que haremos la mayor contribución y respecto a la dirección de nuestra carrera profesional.